El Diario de Martin L.

17. El deporte raro

19 de junio de 2126, viernes

Querido Daniel, gracias por haber conseguido apuntarme a ese deporte raro: surfski. Gracias por la confianza y por todo, de verdad.

Pensaba que las vacaciones aquí iban a ser peor que cuando hay colegio porque son demasiadas horas y ya no soy tan pequeño como para estar todo el tiempo en el patio. Pero si voy a tener muchos días así estáis siendo demasiado buenos conmigo.

Casi lo mejor fue salir de Cape Shrine, es la primera vez. Estaba excitado en la furgoneta, con los otros chicos que tiene actividades, pero me tuve que contener porque iba con el Educador Gruñón. Lo llaman así los otros niños, pero no me pareció tan gruñón.

Luego cuando empecé a volver a ver las calles, y todo seguía normal y habían niños de vacaciones que iban a la playa.

Lo único es que como me da un poco de vergüenza ponía las manos en el cristal y miraba a través de los dedos, para que nadie me pudiera ver.

Liam ya me había dicho que lo mejor es actuar normal. El uniforme de C.S. no llama mucho la atención. Me dijo que llevara la camiseta, los pantalones cortos y las sandalias de playa. Y al final eres un niño con una camiseta beige y unos pantalones cortos azules; no es que vayas por ahí con un mono naranja de criminal y la palabra INTERNO en letras grandes.

Sería así si estuviera en la casa gris. Pero en la casa gris casi nunca les dejan ir a ningún lado. Me han dicho que a los que se portan mejor los manda aquí, a Cape Shrine. ¿Es verdad?

Bueno cuando llegué, me estaba esperando una señora en la calle de la playa. Voy a recordar como fue

—Hola, eres Martin, ¿verdad? Soy la entrenadora Anne. Me puedes llamar Anne o entrenadora. Estamos muy contentos de que estés aquí; bienvenido, de verdad, ¿vale?

Quise llorar de emoción. —Muchas gracias. Perdone, no he hecho esto nunca antes, ¿qué es un surfski?

Sonrió. —Mira al mar. ¿Ves esas piraguas largas y blancas tan bonitas?

Me asombré un montón. No se parecen en nada a las piraguas de plástico naranja del campamento. Estas son más estrechas, largas y parecen rápidas como el viento. Y había también adultos que estaban jugando con las olas como si fueran adolescentes. Me dieron un montón de ganas de empezar.

—Está segura que voy a montarme en uno de esos?

—Pues claro, pero hoy no, primero tienes que aprender lo básico.

Ah, planchazo en todo mi carota. Bueno, me llevó a los vestuarios que están en la misma playa. Son del ayuntamiento de New Birmingham pero los usa el club. Dentro habían un montón de niños y algunos entrenadores. Y me dio mucha vergüenza así que me quedé mirando a mis pies, a ver si no se daba cuenta nadie.

—Este es Martin. —Eso dijo la entrenadora y claro me miró todo el mundo. —Ya os hablé de él y no pasa nada. Es nuevo, sed buenos.

Y al principio me miraban al uniforme porque pone Cape Shrine y todos los niños saben lo que significan: un sitio para castigarte por haber hecho cosas malas, pero no tan malo como la casa gris. Uno se metió en el baño justo entonces, pero la mayoría fueron buenos y me saludaron, aunque alguno estaba nervioso.

Luego hice un amigo. Y fue así

—Hola, soy Tony. Nos han dicho que no vas a hacer nada malo, ¿verdad?
—Verdad. ¿Quieres saber lo que hice? —¿PERO CÓMO PUDE DECIR ESO? Con todas las veces que me han dicho que no lo diga y menos a gente de fuera que no conozco.
—No. No es que hayas matado a nadie, ¿verdad? —Lo dijo sonriendo.
—No, ni nada parecido. En realidad...

Pero antes de que lo dijera vino uno de los entrenadores a darnos prisa, así que nadie supo lo que hice. Pero entonces pasó otra coas que me pudo nervioso. Todos los niños van con un chaleco salvavidas marrón y una camiseta naranja brillante. Pensé, «son de la casa gris, peligro», pero es solo que el naranja se ve muy bien en el mar y si te caes y te pasa algo los entrenadores te pueden rescatar más fácil.

Soy increíble un minuto antes no quería que nadie pensara mal de mi y un minuto después era yo el que tenía miedo de que fueran de la casa gris.

Y entonces comenzó el día, que me hizo sentir muy culpable, porque es que no me merezco nada de eso. Daniel, me dirás lo que quieras, pero lee:

Primero nos dieron el desayuno, con galletas, fruta y los cereales que quisieras, hasta chocolate.

Cuando terminas te dejan jugar en la arena. Y no había ningún guardia vigilándome. Si quisiera podía haber escapado a alguna parte, no sé al monte a lo mejor. Pero no voy a hacer eso, de verdad.

Y luego vino la entrenadora a darme una de las bonitas camisetas naranjas. Ja, ja, espero que no se diera cuenta de mi cara. Es que ahora la ropa naranja me da un poco de miedo, por razones.

Después jugamos a fútbol y nadie me dijo que no. En invierno como hay colegio solo hay una hora de surfski, pero en verano es una locura. Es toda la mañana de deportes de playa.

Luego vino ultimate frisbee, pero también puedes jugar con los boomerangs, si lo prefieres.

Y después de todo eso ya había surfski. Pero como soy nuevo pues me tocó ir en un kayak de esos plásticos y lentos. Que parecen divertidos hasta que ves a un niño de primaria adelantándote a toda velocidad casi sin cansarse.

Tony fue muy bueno y fue conmigo y me ayudó, y me lo explicó todo. También me habló de sus mamás.

—¿Dijiste tus mamás, en plural?
—Sí, tengo dos. ¿Envidia?
—Mucha.

Y creo que los dos nos sentimos un poco raros, porque le dije lo de mi mamá y claro. Pero creo que nos comprendimos. Así que todo está bien.

Después del surfski tuvimos tiempo para jugar y hablar.Tony me invitó a refrescos, pero no estoy seguro de que me dejen. Además no tengo dinero para invitarle a nada, así que le dije que no. También le dije que no tengo móvil, ni redes sociales ni consola. Creo que le di mucha pena.

La última parte del día fue salvamento deportivo: carreras de bandera, nadar, taba de salvamento que es como una tabla de surf pero más pequeña.

Y ya se acabó todo, y fuimos a las duchas. Ya nadie me tenía miedo, pero algunos sí que tenía pena de mi. Y yo estaba en plan «pero si es el día más feliz de todo este año».

Por la tarde, al volver, Cerni me ayudó a programar un poco. ¡Ha sido un día lleno de cosas!

Mi mejor día. Únicamente ha pasado lo mejor. Cuando lo empecé hubiera dicho que, aunque estaba bien, al final estaría triste.

Siempre me queda una tristeza. Gigante y pequeña Recordando el día de el-miedo, siento que merezco todo lo malo y nada de lo bueno. Pero ha sido al revés.

Así que creo que hoy ha sido:

Eres el mejor, Daniel, muchas gracias.

El diario de Martin es una obra de ficción en un mundo muy parecido al nuestro.

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