El Diario de Martin L.

1. No soy bueno

24 de mayo, domingo

Querido Daniel, lo siento. Mi vida va mal, no hago nada bien no soy bueno. Hace mucho que voy mal, años se podría decir. Esto es tu idea, y eso. Nunca he escrito un diario y tampoco, como que eso que lo quieras leer... Bueno, lo haré como si fuera a un amigo de fuera. Para que no sea tan difícil y eso...

Bueno, puede que esta no sea la mejor... no es la mejor manera de comenzar un diario. Lo vuelo a intentar, perdona.

Querido amigo imaginario, me llamo Martin y estoy escribiendo este diario porque Daniel, el educador, me lo ha pedido y como que confío en él. Dice que me ayudará a ser menos cobarde. En realidad dijo «más valiente»; pero lo escribo como es.

Soy tan malo que duele. Me duele. Hice algo horrible. Uf.

Fue como que pensé que Miss Grant, mi profesora, me iba a pegar. Y creo que por eso la empujé y me metí en el peor lío de mi vida. Pero no me iba a hacer daño ni nada. Y ahora lo sé, pero antes no, y entonces pues el de seguridad del colegio me esposó y llamaron a la policía y...

En realidad no quiero escribir nada de esto. Pero me dan puntos y los necesito para estar más tiempo en el patio y cosas. Y no quiero estar todo el tiempo encerrado; es lo que pasa cuando no llevas mucho tiempo, que eres un cero de nivel cero. Y porque Daniel me lo pidió. Pero cuesta escribir cosas de dolor y de vergüenza y de pesadillas y que no quiero que vuelvan a pasar.

Bueno en el juicio no hablé mucho porque es que como me salían excusas y no quería decir excusas, así que todo lo que dije fueron cosas malas. Me tocan de 2 a 6 años, por una ley de proteger a los profesores. Es por lo de hace dos años que hubieron como muchas agresiones en los institutos y, claro. (Eso es lo que me han explicado, no he seguido mucho las noticias).

Encima Miss Grant me defendió en el juicio. Yo no lo merecía. No fue lo más justo porque yo llevaba todo el curso haciendo el mono, el payaso, el idiota, el que siempre la está liando. Supongo que para los...

No, espera, sé que para los que querían estudiar tengo que haber sido un imbécil. Y lo soy. Hay dos niños que viven en una casa sin pagar, con sus padres y claro como que quieren estudiar porque, eso, lo necesitan, tener trabajo rápido.

Antes de que los echen.

Y yo, pues eso. Que no tengo corazón, ni pienso, ni hago nada.

Tenía dos excusas. Que igual no te quieres creer. Pero es que es verdad. Pero, bueno, podía haber sido menos cobarde y eso. Dos bulis, o bullies, o como se escriba. En la aplicación esta de Cape Shrine me sale en rojo, pero no me dice cómo se escribe bien.

En fin, tampoco importa.

Voy a borrarlo todo. (;_;)

Bueno, voy a respirar, que es lo me dijo Consejera. (Es mi persona AI de soporte emocional y ayuda. Una cosa de aquí, tienes que llevar un WD, en el brazo, es como un dispositivo, pero solo con unas apps raras y Consejera y no te deja conectarte a Internet, solo a la red de este sitio).

Esto, creo que parezco idiota. Estoy muy nervioso, porque no quería hablar de el-miedo, que es como llamo a lo-que-hice. Luego hablo con Daniel, para que lea esto cuando visite nuestra celda.

—Hola Martin, ¿qué tal el día?
—No ha pasado nada. Me han dado cien puntos.
—Vale. ¿Me dejas ver tu diario?
—¿Y los demás?
—Tienes razón, podemos ir al patio, si quieres, y lo leemos ahí.
—Pero no tengo hora de patio.
—No importa, vas conmigo, y esto es parte de tu tratamiento, no es ningún privilegio especial.
—¿Y los demás?
—Los demás no han querido escribir nada.

Martin se puso los zapatos y la sudadera, completando así el uniforme, beige y azul de Cape Shrine. Miró a sus compañeros, tres chicos de trece, catorce y quince años que no le hacían caso, ocupados en arrancar algunos puntos de sus IAs personales. Para ello, aunque a rastras, tenían que hacer deberes.

—Daniel, —dijo Martin en cuanto salieron al pasillo— ¿no te lo puede leer la IA y luego me lo dices?
—Tu IA ya me ha contado que no hay nada contrario a las normas en él. Por eso no quiero leerlo si no quieres que lo lea. ¿Estás seguro?
—Sí, porque no podría decirlo.

—Martin, lo de los bullies, ¿se lo contaste a alguien?
—No.
—Vale. Hay cosas que me han gustado de lo que has escrito. Primero que te hayas acordado de tu profesora. ¿Qué piensas de ella?
—Mal. Lo que hice, y otras cosas, muy mal, nunca, pero... —Es bueno que te des cuenta que lo que hiciste estuvo mal.
—Gracias.
—La segunda es que te acordaras de los niños sin hogar.
—Tenía que haberlo pensado antes.
—Tienes corazón Martin y uno muy bueno. ¿Me crees?
—Es que no lo puedo creer porq... perdón por llorar.
—Está muy bien Martin. Lo dejamos por hoy. Lo has hecho muy bien. Intenta descansar, pide a Consejera que te ayude a dormir, ¿vale?
—Claro.